Diario Tiempo Argentino: “Bodas con historia”

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Los llaman foto-reportajes o documentales, y vienen a remplazar a las tradicionales imágenes de casamientos. Retratan los momentos, sin la foto posada. Explicaciones de un fenómeno incipiente.

Ahora dicen que hay una nueva tendencia en la llamada fotografía de sociales. Esos personajes –uno, tal vez dos– cejijuntos y sobrios, que empuñan tremenda cámara profesional, flash, paraguas y quizá escalera en iglesia-templo-salón-predio, entre invitados beodos, mujeres emocionadas y jóvenes descontrolados; que peregrinan las mesas con los novios y obligan a ponerse el saco y acomodarse la corbata o disgregan el carnaval carioca, comenzaron a escribir otra historia.

Tal vez porque el incremento de los dispositivos para tomar imágenes desalienta a potenciales clientes o por una moda surgida en Estados Unidos al calor aportado por la colonia latina que se extendió a velocidad Internet al resto del mundo. Los llaman reportajes de bodas o wedding photojournalism –que incluso en EE UU tiene asociación (ver aparte)– y comienzan a abrirse paso –como todas las modas– con el boca en boca y el soporte masivo que dan las redes sociales. Ahora el fotógrafo en la boda puede ser un canchero que calza anteojos de marco negro grueso, zapatillas de lona, jean con tajos y saco de traje y logra fotos súper espontáneas y cool, pero también reporteros profesionales que encontraron un nuevo lenguaje de comunicación y la forma de conjugar y vender una imagen artística.
La masificación de las cámaras digitales y de los chiches que toman fotos (teléfonos celulares, reproductores, tabletas, etcétera) trajo nuevos desafíos a los fotógrafos de sociales. Algunos lo miran con recelo, otros ni eso, porque aseguran –sin soberbia– que la mirada, calidad y técnica que ellos tienen no es tan común. Y dieron además una vuelta de tuerca al tradicional retrato posado (novia frente espejo o mohín al lado de arbusto, ¡manos con anillos! mesa central). Se busca lo contrario: la espontaneidad, el ambiente, la sensibilidad.
Emiliano Rodríguez –socio de Juan Pablo Mansilla– no cree que tomen fotos artísticas. “Considero que hacemos un registro más bien documental o fotoperiodístico, tratando de registrar la que ocurre sin intervenir activamente en las acciones, o sea, sin hacer posar a los novios e invitados. Tratamos también de registrar todo con la luz ambiente de cada lugar para respetar el clima y que cuando la gente vea nuestras fotos vea y sienta lo mismo que veía y sentía en el momento que se hizo esa foto. En ese sentido lo digital nos ayudó bastante porque actualmente las cámaras de alta gama permiten utilizar sensibilidades extremas que permiten captar ambientes casi en penumbras sin necesidad de intervenirlos con flashes o leds.”
El auge de lo digital, que provoca mucha competencia en cada casamiento, obliga al “fotógrafo oficial poder ofrecer una foto distinta en calidad, composición, emotividad de las miles de otras fotos que habrá de esa boda. Esto lo veo como algo positivo porque nos obliga a nosotros como fotógrafos a tener que darle una vuelta de tuerca más a nuestra fotografía, a ser mejores profesionales y a superarnos todo el tiempo”, agrega Rodríguez.
Coinciden Pablo de la Villa y Florencia Murno, creadores de “Historias de bodas”, un reportaje de casamientos donde buscan un relato o una narración con una mirada entrenada que se aparte de la clásica serie del vals y las de las mesas, incluso tratan de no mediar en el desarrollo de la fiesta. “La gente prefiere otro soporte, ya no tanto papel –asegura De la Villa, en el oficio hace más de 20 años–. Nosotros decidimos contar estas historias y nuestro output es el libro porque creemos que las historias se cuentan en libro. La gente no se va acordar del gusto del lomo o el vino, sí de los momentos. Entonces cuando ve el libro la idea es que reviva la historia. Y busca eso, nuestra mirada.” Murno aclara que la tradicional de familia también aparece. “Es el bastión de la fotografía de boda, el único símbolo que permanece perenne. Nos parece importante que esté, la de la mesa no”, rechaza.
Para De la Villa, “está bueno que independientemente de la foto que se sube, se valore y vean lo que hacemos. En nuestro formulario de contacto preguntamos ‘¿Qué tan importante es para ustedes la fotografía de su boda en una escala del uno al diez?’ La mayoría responde arriba de ocho.”
Para lo que la pareja es el objeto central, Rodríguez-Mansilla lo ofrecen como una opción de 40 páginas, que también pretende ser un resumen de lo que fue el día (en rigor comienza unos días antes en una sesión casual) con la preparación de los novios, ceremonia y finalmente la fiesta. “Nos preocupamos por que el libro sea único en cada caso y lo diseñamos personalmente para que sea una verdadera pieza editorial”, coinciden.
Sobre el auge de lentes que registran no hay demasiado consenso. Rodríguez lo ve como algo positivo porque “obliga a tener que darle una vuelta de tuerca más a nuestra fotografía. Nos hace ser mejores profesionales y a superarnos todo el tiempo.” Para De la Villa, “la masificación cambió el paradigma de negocio. Además la gente no copia en papel y si no sabés darle valor agregado a lo que haces, la gente te compra 100 fotos y listo. A nosotros nos buscan por nuestra mirada”.
Eduardo Ledesma Hueyo, del estudio homónimo y en sociales desde 1987, cree que hubo cambios con la llegada de nuevas tecnologías e Internet, que además generaron una circulación mayor de material en las redes sociales. También reconoce que se diversificó y amplió la oferta, lo que piden los novios e incluso que bajaron las contrataciones por varias causas, algunas de ellos relacionadas con los costos y el auge de las cámaras. Sin embargo, advierte que todavía tiene clientes que piden copias en papel, y fotografías más clásicas. Incluso se jacta de haber hecho hasta siete casamientos dentro de una misma familia.
Bueno, tal vez entre tanta modernidad, lo clásico sea lo diferente e inolvidable que busca cada pareja para inmortalizar el que no es más que el primer día oficial como matrimonio. «

Tradicionales
75%
de clientes del estudio Ledesma Hueyo pide copias en papel, tradición que otros aseguran que cae en desuso por lo digital.

Valores
10
mil pesos base cobran en promedio los fotógrafos. El valor sube hasta 18 mil según la fecha y la complejidad del trabajo.

“Es increíble”
Adrián y Viviana cocinaron y realizaron en persona otras cuestiones, pero sí contrataron a De la Villa-Murno por recomendación de amigos. “Nos mostró el libro y nos pareció increíble. Va más allá de una foto. Te queda algo como un catálogo de fotografía”, cuentan.

“Más espontáneas”
Denise y Federico eligieron foto-reportajes de boda porque no querían las “formales ni las posadas sino las espontáneas, naturales y que transmitían emoción y reflejan lo que pasó ese día”. Eligieron “Historias de bodas” porque era más personalizado.

En ee uu, fotos con pulitzer
En los Estados Unidos –o en Internet– tiene sede una Asociación de Fotoperiodistas de Boda (<http://www.wpja.com>). Funciona desde 2002 y aglutina gatilladores de cámaras profesionales de los Estados Unidos, México y Canadá, pero se presenta como una red internacional, algunos de cuyos miembros han ganado premios del prestigioso Pulitzer.
La organización tiene un perfil más profesional con una oferta de cursos de especialización, actividades de tipo gremial y bolsa laboral, pero también permite ver algunos trabajos para “inspirarse”.
En la Argentina no hay algo similar, pero sí se realizan workshops de fotografía social donde se “adquieren” nuevas técnicas y tendencias, a cargo de reporteros.

Vestuario
Otra tendencia
“Trash the dress” es otra tendencia que se extiende alrededor del globo, a la velocidad de Internet. Consiste nada más y nada menos que en arruinar vestido y el traje de los novios en un chiquero de barro, pileta o mar, con pintura y aun con fuego. La idea es que no quede nada.

Link a la nota: “Bodas con Historia” Nota en el Diario Tiempo Argentino